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viernes, 2 de mayo de 2014

La malnutrición en el embarazo puede afectar a la salud de hijos y nietos

Un equipo científico del Hospital Sant Joan de Déu en Barcelona ha constatado en ratones que la malnutrición durante el embarazo puede afectar a la salud de generaciones futuras y provocar diabetes, obesidad o enfermedades cardiovasculares no sólo en los hijos, también en los nietos.


BIEN NUTRIDA

Esta es una de las principales conclusiones de un trabajo que se publica en la revista Cell Metabolism, el cual, además, ahonda en el conocimiento de la epigenética.

Un recién nacido con bajo peso -menos de 2,5 kilogramos- tiene más riesgo de padecer enfermedades crónicas típicas de las personas mayores, como la diabetes, la obesidad o los problemas cardiovasculares, lo que se conoce desde hace unos 20 años.

A su vez, los descendientes de estos niños tienen también algo más de riesgo de tener problemas metabólicos, lo que se ha asociado a mecanismos epigenéticos (la epigenética son las marcas químicas que controlan nuestra genética. Si la genética fuera una palabra, la epigenética sería esa tilde que hace que cambie su sentido).

EFE/Juan Carlos Cárdenas
El trabajo del hospital Sant Joan de Déu se centra y constata precisamente esto.
El investigador Josep Jiménez-Chillarón, de la división de endocrinología del citado centro, ha explicado a Efe que para llevar a cabo esta investigación los científicos redujeron en un 50 % la ingesta de calorías de una ratona en su última semana de gestación (dura tres semanas, cada una equivale a un trimestre en mujeres).

La intención, que las crías que nacieran lo hicieran con bajo peso y luego hacer su seguimiento: Los investigadores escogieron a los machos y los observaron durante su desarrollo, al igual que a sus “nietos”.

Este análisis permitió encontrar en los ratones que sufrieron malnutrición en el úteroanomalías epigenéticas que afectan al metabolismo de las grasas y el colesterol en el hígado.
De manera muy relevante, esta misma alteración epigenética también se identificó en el esperma de los machos que nacieron con bajo peso, según este investigador.
“Esto puede explicar, en parte, la transmisión del riesgo por ejemplo de diabetes de padres a hijos”, ha detallado Jiménez-Chillarón.

Los resultados indican que en el útero la malnutrición provoca cambios epigenéticos que se pueden transmitir a próximas generaciones, lo que, si se demuestra en seres humanos, supondría que lo que come una mujer durante el embarazo puede tener algunos efectos sobre la salud y la enfermedad de sus futuros nietos.

Este trabajo, según Jiménez-Chillarón, evidencia que existe una línea de continuidad de padres a hijos de marcas epigenéticas.

“Esto es muy nuevo”, ha constatado este investigador, porque el dogma hasta ahora era que la epigenética no se pasa de padres a hijos, sólo el genoma.

En este sentido, ha dicho que todo lo que se haga durante la vida, sobre todo en períodos claves del desarrollo como el crecimiento intrauterino o la lactancia, puede alterar nuestro epigenoma y pasar a la siguiente generación, según este científico.

No echar la culpa a los padres y abuelos
Todo apunta por tanto, a que estas marcas químicas -epigenéticas- se pueden heredar y “despertar” por factores exteriores como, en este caso, la falta de nutrición, ha apuntado Jiménez-Chillarón.

La malnutrición o los agentes tóxicos pueden provocar cambios en el epigenoma que a su vez modifican la expresión de un gen concreto.

No obstante, este investigador ha resaltado que no hay que caer en la tentación de culpar a padres y a abuelos de todo lo que nos pase: “nuestra opinión es que heredamos alguna predisposición, pero es nuestra propia forma de vida la que va a determinar si el riesgo heredado se traduce verdadera y finalmente en enfermedad”.

EFE

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